El olor de Perú - Villamaría del Triunfo

Ubicación: Triunfo, Villa El Salvador, Perú

La noche en Villamaría del Triunfo. Rodeado de montañas con casas y la niebla en lo alto, parece que estás rodeado de miles de luciérnagas.
Cuando pisas El Callao lo primero que hueles es a una mezcolanza de gasolina, polvo y costa. Tras 12 horas de vuelo, aterrizamos al atardecer del día 14 de mayo en el aeropuerto internacional Jorge Chávez. Cuando el avión desciende sobre la ciudad de Lima, el ruido del avión y el cambio de presión forman una atmósfera misteriosa. Al salir de la cabina azota un aire húmedo. Un grupo de familiares nos recibe con abrazos y lágrimas. Me siento extraño porque todos parecen conocerte de toda la vida y, sabes que de alguna manera tu también a ellos.

Mis padres consiguieron vender una propiedad en Lima y decidieron regalarnos a todos un viaje para conocer las raíces paternas en Perú. Un viaje que abarcaría conocer Lima, Cuzco, la familia y con todo ello una vida diferente. Tras la emotiva bienvenida de tíos, tías, primos y primas, nos dirigimos en coche desde El Callao hasta Vilamaría del Triunfo. El tráfico es caótico y los conductores parece haber reinterpretado las normas viales. Mi hermana Rebeca se tapa la cara nerviosa.
 
Una señora limpia la entrada de su casa. El árbol de laderecha es una araucaria heterophillas, están por todo Lima.

Tras atravesar hacia el sur la Panamericana, nos desviamos hacia el este para llegar a Villamaría del Triunfo, barriada donde la familia se estableció a finales de los cincuenta. Nos encontramos al sureste de Lima entre manzanas y manzanas de edificios de una a tres plantas. Las calles están llenas de gente y vendedores ambulantes. Muchas de las estructuras parecen llevar décadas en construcción y las fachadas tienen colores apagados. Cuando sales del coche comprendes porqué. Villamaría está situado en pleno desierto rocoso y las calles tienen una permanente capa de polvo.
Llegamos al hostal de la tía Ruth, el Wiracocha, un edificio de cuatro plantas. Tras el banquete de bienvenida y los saludos de más familiares, lo que te pide el cuerpo es descansar. Llevo mi equipaje a la habitación 307. Las habitaciones tienen las paredes con ladrillo a la vista y las ventanas son finas. El baño es sencillo, con una luz de tungsteno y agua caliente. La televisión tiene un zumbido al que tardas en acostumbrarte y los programas son en su mayoría estadounidenses. Quiero dormir mil horas.
Las cuestas de Villamaría. En la foto de la derecha, mi madre sube al coche rojo a las puertas de la antigua casa de la familia Rubio.

El ruido de las mototaxis son el despertador natural de la barriada. Son las 7:30 de la mañana y muchas de estas motos salen a trabajar. Una señora limpia el polvo del trozo de calle que abarca su casa. Casi parece una acción inútil porque el polvo está por todas partes. Aseado y vestido bajo a desayunar. Los desayunos de la tía Ruth son generosos. Es una mujer fuerte y con un carácter indomable, pero nos atiende siempre con la sonrisa que sólo una segunda madre como ella puede darnos.

Villamaría del Triunfo es un distrito humilde de trabajadores y negocios autónomos. Está situado en la ladera de una montaña y subir andando implica recorrer una gran cuesta. Desde el inicio oficial del barrio en 1956, se ha ido ampliando y se dividió en diversas parcelas para ser adquiridas a modo de invasión. Durante una de esas ampliaciones mi padre, siendo un adolescente, se asentó en una de las parcelas. Como era joven le echaban de otras parcelas mejores, así que ésta última tuvo que defenderla de otros intrusos.
Ruth Rubio apunta cifras en sus enmarañados cuadernos de cuentas. Su hostal está construido sobre un terreno que invadió en los años 70's . Con una hija pequeña a su cargo, Ruth tuvo que defender su espacio de ataques e incendios provocados por los comerciantes de la zona, que querían que ese terreno sirviese para ampliar el mercado.
La vida en Villamaría es más concurrida de lo que en un principio imaginé. Hay muchas personas acudiendo a sus trabajos, a comprar o a reparar. En este distrito viven cerca de 400.000 personas, la gran mayoría de clase baja. El tráfico se basa en un rio de coches, autobuses, camiones y mototaxis. A priori, Villamaría es una zona a la que es mejor ir acompañado si no lo conoces. Mi hermano Túpac se defiende muy bien. No sólo lleva una vida en Perú corriendo por sus venas, si no que en los últimos dos años ha estado viviendo con mi tía en el Wiracocha. Por lo que Túpac se convierte en el guía clave que nos acompañará todo el viaje.

¿Tunning peruano? No. se trata de la furgoneta de unos huespedes del hostal, una familia religiosa que no duda en poner el nombre de Dios incluso en sus coches. Poner slogans en los vehículos como "Dios está en mi volante" es una práctica muy extendida en los taxistas y conductores de autobuses.
Las zonas residenciales tienen tiendas comunes y están más limpios. Pero en las vías principales abundan los negocios de chatarrería, discotecas, talleres y reparación de casi todo; por lo que hay más basura y residuos en estas. Pero eso no impide que los habitantes de Villamaría hagan sus vidas. Los cables atraviesan de poste en poste por todas las vías. A pesar de la sequedad, hay humedad. Lima es, después de El Cairo, la ciudad más grande construida en un desierto.

Las moto taxis campan a sus anchas por las venas de Villamaría. Es el sistema más barato y rápido de moverse entre las callejuelas si uno tiene prisa. 
En una de las zonas altas se encuentra la casa donde vivió la familia Rubio. Tras su muerte, la casa de los abuelos es residencia de mi tío Arnulfo. Es una casa de una planta con un porche que va desde la verja hasta la entrada. La vegetación del jardín es variada. Durante los 70’s mi madre plantó un árbol de aguacate que ahora es gigante.

Ahora la vida es bastante más sencilla con agua corriente, electricidad y calles asfaltadas. Pero durante la década de los setenta mi madre se trasladó a Villamaría durante tres años y la actividad cotidiana era mucho más dura. Las cuestas estaban cubiertas de arena, los accesos a los grifos de agua eran comunitarios y no habían electrodomésticos. Esto fue un gran contraste para una mujer española que venía de Barcelona y Munich.
Algo que impacta en general cuando sales de Europa es ver cómo conduce el resto del mundo. Mi hermana, Rebeca Rubio, tuvo serias dificultades para poder asimilar la temeridad de algunos conductores. Los camiones, autobuses y otros vehículos pesados atraviesan la ciudad con la flexibilidad de una bicicleta. 
 Villamaría se convierte en el campamento base del viaje. Desde aquí saldremos todos los días a visitar diversas partes de Lima y nos ausentaremos cinco días para ir a conocer Cuzco y Machu Picchu. El transporte oficial del viaje es el taxi. No sólo son baratos, si no que además acuerdas el precio de la carrera con los taxistas antes de arrancar. La mayoría carecen de buenos cinturones de seguridad así que hay que acostumbrarse y confiar en el conductor. Lo cogeremos innumerables veces a lo largo de las siguientes crónicas


www.isaiasmachiavelli.com

1 comentario:

Marisa dijo...

En el poema HOY REGRESO de Jose Rubio,describe con suficiente claridad las crónicas hechas por ti sobre Villa Maria. Desde la toma de posesión de un cachíto de cerro a sus 16 años, progreso y desarrollo tanto cultural como económico; hasta la situación desahogada en la que vive la familia Rubio actualmente.
"Hoy he vuelto ha reir y a llorar de felicidad".

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